El pueblo colombiano perdió la esperanza de lograr la igualdad que la sociedad tanto necesita.
HACE 59 AÑOS MURIÓ ASESINADO EL LÍDER POLÍTICO LIBERAL, JORGE ELIÉCER GAITÁN.
Por Mónica Suárez
Nacido en Manta (Cundinamarca), Gaitán logró consolidarse como uno de los líderes más carismáticos y queridos por el pueblo. Llegó a ser uno de los mejores penalistas del país y a denunciar casos como la masacre de las bananeras en la Cámara de Representantes.
El fatídico 9 de Abril, Rafael Quiroga, quien se desempeñaba como contratista, estaba trabajando en la carretera vía Vélez - Chipatá en Santander. Estaba con diez obreros más. Era viernes, terminaban el trabajo a las 5 de la tarde. Almorzaron como de costumbre y continuaron laborando.
A las 10 de la mañana, Juan Roa Sierra un joven de 25 años, con problemas mentales, llegó al centro de Bogotá y se dirigió al café Gato Negro, sitio de tertulia de intelectuales. Mientras tanto, Jorge Eliécer Gaitán estaba en su despacho de abogado, ubicado en el edificio Agustín Nieto, muy cerca de donde se encontraba Roa.
Al medio día Roa Sierra llegó a la oficina del líder político y pidió a la secretaria Cecilia de Gonzáles entrevistarse con el caudillo. Al no ser atendido, se retiró del lugar y se situó muy cerca de la puerta del Agustín Nieto, sobre la carrera séptima.
A eso de las 11 del día, llegaron a la edificación Alejandro Vallejo, Pedro Eliceo Cruz, Plinio Mendoza y Jorge Padilla, buenos amigos de Gaitán. Hacia la una de la tarde, los asistentes salían del edificio rumbo al Hotel Continental, donde iban a almorzar.
En el momento en que se disponían a salir, a la 1:05 p.m. exactamente, Roa apuntó con un revolver a Gaitán y al instante disparó tres veces. Lo llevaron de inmediato a la Clínica Central, allí murió antes de que su amigo y médico Pedro Cruz le realizara una transfusión de sangre.
Los lustrabotas, loteros y demás personas que se encontraban en el lugar, comenzaron a gritar, ¡mataron al doctor Gaitán! Corrieron detrás del asesino, pero un cabo de la policía lo desarmó y lo llevó hasta una droguería para que la turba no lo matara. La muchedumbre enfurecida tumbó la reja, sacó al hombre y en el andén lo masacró.
De Bogotá llamaron a las demás ciudades y pueblos del país. En Vélez se conoció la noticia antes de las 5 de la tarde. Zenón Pardo, después de hablar por teléfono con la capital se fue en su volqueta para la carretera donde Rafael Quiroga y otros obreros estaban trabajando.
Quiroga cuenta que Zenón les preguntó: ¿si saben que mataron a Gaitán? En ese momento se enteraron y de inmediato subieron a las volquetas, pues tenían que parar el trabajo e irse a matar conservadores. Quien no detuviera la labor era considerado como enemigo y corría peligro de muerte. “A Gaitán lo mataron los conservadores por envidia, Lo mató un tal Juan, siempre lo mentaban, Juan Roa Sierra”, recuerda Rafael.
Sintió miedo, porque nunca había estado en una persecución de ese tipo, aunque admite “yo era un poquito apasionado por la política”. Al pueblo llegaron casi a las siete de la noche y la volqueta los dejó en la esquina ‘Chipatá’ muy cerca al parque principal, donde ya habían matado a dos hombres. Vélez estaba incendiado y comenzaron a saquear joyerías, ferreterías y a quemar los molinos y las casas de los ‘godos’.
Rafael estaba frente a la relojería de la familia Téllez y fue testigo de cómo robaron el lugar. “Todo estaba oscuro porque habían quitado la luz y yo veía que brillaban cosas en el piso, yo recogía vidrios pensando que era oro”, explica Quiroga en medio de risas.
Un obrero le entregó a Quiroga un machete para que matara ‘godos’ y le dijo que tenía que patrullar en el Colegio de Varones, hoy Colegio Nacional Universitario, “yo me tuve que escapar porque no estaba acostumbrado a hacerle males a nadie”, asegura.
A las 11 de la noche llegó Rafael a la casa de su suegra Betsabé, donde vivía con Rosalía, su esposa. Ellas lo esperaban angustiadas porque ya se habían enterado de la noticia por Radio Sutatenza y temían lo peor.
El viernes en la noche, escondieron en la casa a dos conservadores: Isaac Fontecha y a su esposa Carmen, familiares de Rosalía. “La familia de mi esposa era conservadora, pero yo me casé con ella porque tenía que ser así. Para casarse, uno no necesitaba política ni nada, aunque eso era lo que reinaba en esa época. Toda esa familia era conservadora, pero me querían porque yo no me metía con nadie”, agrega Rafael.
El sábado, día de mercado, Rosalía y Rafael salieron a comprar sal y aceite para los alimentos, pues no sabían cuánto tiempo tendrían que estar escondidos. Tres días duró la violencia en Vélez. De Barbosa enviaron soldados a controlar la situación. El teniente recomendó a la gente -según recuerda Rafael- no herir a ninguno de sus hombres, de lo contrario “mataban a todos”.
“Y preciso, los liberales hirieron de un tiro a un soldado, y ¡Virgen Santísima!, se embejucó ese Teniente y dijo: parranda de hijuemadres, ¿no les recomendé que no se metieran con ningún soldado? Ahorita mismo me las van a pagar, de aquí no me sale ningún verriondo porque los mato a todos”. En ese momento terminó la revolución en Vélez y los obreros volvieron a sus trabajos.
Rafael y su familia, supo que Roa fue linchado y arrastrado por la carrera séptima hasta el Palacio Presidencial en Bogotá, donde dejaron su cuerpo desnudo. Se enteraron también de los saqueos e incendios en la capital, de la revuelta nacional en contra del gobierno de Mariano Ospina Pérez y sintieron gran tristeza y desilusión –al igual que muchos colombianos, pobres, obreros y campesinos- porque el pueblo había perdido la esperanza.
La muerte de Gaitán recrudeció la violencia bipartidista, lo cual provocó el desplazamiento masivo de personas hacia las ciudades. Causó el aumento de la clase media y la creación de la clase baja, compuesta por desplazados e indigentes. Sin embargo “toca seguir votando liberal, lo importante es no voltearse de partido”.
La muerte de Gaitán cambió los destinos de Colombia. La muerte de Gaitán cambió los destinos de Rafael y Rosalía.
Fotos: Archivo El Tiempo y Biblioteca Luis Ángel Arango (http://www.lablaa.org/)
viernes, 21 de mayo de 2010
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