Análisis de la figura del ombudsman en el periódico El Tiempo.
Por Mónica Suárez
Resulta paradójico e incluso preocupante que en la gran mayoría de los periódicos latinoamericanos, el cargo de defensor del lector u ombudsman no se ejerza con calidad y, en el peor de los casos, no tenga continuidad. Esto fue lo que ocurrió en el diario colombiano El Tiempo.
Los lectores de este periódico, considerado el más importante e influyente de Colombia, actualmente no tienen un defensor. A pesar de que por 16 años la Casa Editorial El Tiempo (CEET) contó con la colaboración de algunos afamados periodistas como Felipe Zuleta Lleras, Javier Darío Restrepo y Cecilia Orozco, hoy sus lectores no tienen quién los defienda.
El 27 de septiembre de 2008 fue la última columna de María Clara Mendoza, quien hasta ese día se desempeñó como ombudsman de El Tiempo. Aunque sus funciones eran “recibir e investigar las quejas del público sobre la exactitud, la imparcialidad, el equilibrio y el buen gusto en la cobertura de las informaciones”1, María Clara Mendoza más parecía realizar un trabajo de autopromoción del periódico.
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1. PAWLES, Flavia. La experiencia del primer defensor del oyente en una radio pública argentina. [online]. 2005, [cited 2010-05-21] Available from Internet: http://www.saladeprensa.org/art644.htm
En el primer párrafo de su columna “Estrategias para consolidar la lealtad de los lectores”, publicada el 20 de septiembre de 2008, aseguraba lo siguiente: “cada día son más los beneficios que el periódico ofrece a sus lectores. Interesantes fascículos, jugosos premios en concursos y descuentos en el comercio son, sin lugar a dudas, efectivas estrategias de mercadeo para atraer suscriptores”2. Da la impresión de que lo que pretende la señora Mendoza, más que “velar por los intereses del lector, defenderlo y representarlo en la redacción del periódico”3, es intentar venderlo.
A pesar de que citaba a tres lectores, claramente molestos por la frivolidad con que los periodistas de El Tiempo cubrían las fuentes oficiales, la poca importancia que le daban a los aspectos públicos relevantes y su continuo énfasis en anécdotas del acontecer nacional; la defensora no hizo ninguna sugerencia explícita al periódico, trató el tema de una manera impersonal y evadió sin dar respuesta a la queja que hizo el lector Daniel Vesga Garcés, quien se mostró inconforme con el artículo titulado 'Pupuchurra vs. zancudos', publicado el 10 de septiembre de 2008. Garcés aseguraba que es un “semireportaje” sobre cómo los mosquitos pican a una actriz y por esto afirma que “no hay derecho a que en el diario más importante de Colombia tenga cabida un artículo tan pobre”4.
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2. Ibid.
3. CASA EDITORIAL EL TIEMPO, Bogotá. Manual de estilo. 1995. P. 163.
4. MENDOZA, María Clara. Estrategias para consolidar la lealtad de los lectores. [on line] 2008. [cited: 2010-05-21] Avaliable from internet: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/defensoradellector/estrategias-para-consolidar-la-lealtad-de-los-lectores_4542199-1
Según Thomas Ferenczi, ex ombudsman del periódico francés Le Monde, la misión del defensor “es velar para que los periodistas actúen con independencia política y económica”5, sin embargo, las tímidas sugerencias de Mendoza dejan mucho qué desear pues no es clara ni explícita en ellas y cuando responde a casos concretos como en el expuesto en la columna “Un triste ejemplo de cómo no redactar una noticia”, del 19 de julio de 2008, en el que el lector Francisco Parto Téllez se queja por el mal tratamiento y la no confirmación de datos e identificación de las fuentes en la noticia titulada “'Hincha de Millonarios murió atropellado por bus de TransMilenio cuando intentaba colarse sin pagar”; en ningún momento acude a la persona implicada, es decir, al periodista que redactó la nota que está en cuestión.
Simplemente asegura, “A juicio de la Defensora, el lector tiene razón (…) en la redacción de dicha noticia se faltó a la transparencia porque no se identificaron las fuentes; al equilibrio, porque no se consultaron distintas versiones, y, a la ética, porque no se mostró ninguna sensibilidad ante la víctima y su familia. Es cierto que un reportero no puede comprometerse emocionalmente en las situaciones sobre las que informa, pero no significa que actúe sin compasión ante el dolor ajeno”6.
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5. PAWLES, Flavia. La experiencia del primer defensor del oyente en una radio pública argentina. [online]. 2005, [cited 2010-05-21] Available from Internet: http://www.saladeprensa.org/art644.htm
6. MENDOZA, María Clara. Un triste ejemplo de cómo no redactar una noticia. [on line] 2008. [cited: 2010-05-21] Avaliable from internet: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/defensoradellector/un-triste-ejemplo-de-como-no-redactar-una-noticia_4385477-1
Si el ombudsman es un mediador, como lo asegura Ferenczi, quiere decir que debe haber una comunicación fluida y argumentada entre éste, la sala de redacción y los directivos, por consiguiente, el defensor del lector debe regirse por mínimos preceptos periodísticos como el contraste de fuentes y acercarse al autor de la noticia para conocer su versión.
Sin embargo, no toda la responsabilidad es ombudsman. Es muy importante el papel que desempeñan los periodistas y las directivas y las intenciones que tenga el medio al contratar un defensor, pues como lo asegura Gerardo Albarrán de Alba:
A veces está más ligado a una voluntad empresarial de cambio –lo que puede limitarle si se le percibe sólo como instrumento de control interno-, o peor a un interés de apariencia; otras, al desarrollo de una conciencia ética de la redacción, lo que ofrece una probabilidad de éxito mayor (…). En ocasiones, la creación del cargo de defensor del lector no sólo es intrascendente, sino que puede significar una burda maniobra de apariencias y relaciones públicas7.
Es indispensable que tanto los periodistas como el ombudsman, se rijan bajo los parámetros del manual de redacción, que en el caso de El Tiempo, consigan algunos aspectos éticos y jurídicos como la rectificación.
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7. PAWLES, Flavia, Op. Cit.
El 11 de junio en el link de Justicia apareció una noticia titulada “Capturado ex presidente de Finagro por supuestas irregularidades en asignación de tierras”, en ella se aseguraba que dicho ex presidente era César Pardo Villalba, información que no se había confirmado con la Fiscalía y que resultó ser falsa.
A pesar de que una hora después de publicada, la noticia fue corregida, Pardo Villalba escribió una carta a la Defensoría del lector en la que aseguraba que “Considero que la rectificación no es suficiente ni proporcional al daño causado, por lo que apelo a su ponderado criterio para que se expliquen, públicamente y con el despliegue necesario, los motivos de tan lamentable error"8.
Efectivamente, la nota en la que se corregía el nombre del capturado, no tenía carácter de rectificación pues se publicó con el mismo titular y, en esencia, el mismo contenido, sólo la última frase del texto contenía la corrección: “Por equivocación eltiempo.com publicó que César Pardo Villalba, también ex presidente de FINAGRO, era la persona detenida. Aclaramos que Pardo Villalba no tiene ninguna vinculación con este proceso”9.
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8. MENDOZA, María Clara. Un grave error, por no confirmar la información. [on line] 2008. [cited: 2010-05-21] Avaliable from internet: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/defensoradellector/un-grave-error-por-no-confirmar-la-informacion_4339623-1
9. PERIÓDICO EL TIEMPO, Redacción Justicia. Capturado ex presidente de Finagro por supuestas irregularidades en asignación de tierras. [on line] 2008. [cited: 2010-05-21] Avaliable from internet: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-4250803
El artículo 7.02.14 del manual, reza que “(…) Tampoco se debe soslayar la gravedad de la equivocación, dando la impresión de que se está haciendo una mera aclaración cuando lo que se debe escribir es una rectificación. Lo peor que puede ocurrir con un error, es tratar de minimizarlo u ocultarlo”10.
Lo que se hizo en este caso fue una aclaración y el manual de redacción de El Tiempo contempla en qué ocasiones se debe usar: “si más que de un error se trata de una redacción confusa que se presta para que el lector saque conclusiones equivocadas (…) las directivas de la Redacción o el editor correspondiente decidirán si debe hacerse una aclaración”11.
El 21 de junio, en la columna titulada “Un grave error, por no confirmar la información”, la señora Mendoza publica la carta de Pardo Villalba y escribe que: “La Defensora considera que el afán de los periodistas por divulgar información en la página web no puede dar al traste con un principio elemental del buen periodismo. Lo sucedido obedece a una injustificada ligereza, porque un periodista no puede dar nada por sentado. Hacerlo es aventurarse a dar una noticia fallida, como ocurrió”12.
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10. CASA EDITORIAL EL TIEMPO, Bogotá. Manual de estilo. 1995. P. 167.
11. Ibid.
12. 12. MENDOZA, María Clara. Un grave error, por no confirmar la información. [on line] 2008. [cited: 2010-05-21] Avaliable from internet: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/defensoradellector/un-grave-error-por-no-confirmar-la-informacion_4339623-1
Sin embargo, esto no solucionó la queja de Pardo Villalba, quien estaba insatisfecho con la “rectificación” hecha por el periódico, la defensora en ningún momento solicitó al periódico hacerlo como el manual lo exige, a pesar de que este, claramente, es un caso en el que cabe una rectificación, pues, como lo considera el manual de redacción, "cuando aparezca publicado un error comprobado sobre materia grave, que pueda lesionar los intereses del lector o del protagonista de un hecho sobre el cual se haya informado"13.
Desde 1992 y hasta el 2008, los lectores del periódico El Tiempo, uno de los periódicos con mayor tradición, credibilidad y tiraje; contaron con un defensor. Si bien, en los últimos tres años, María Clara Mendoza no fue lo que se espera de un ombdusman, los lectores tenían una instancia a la cual acudir en caso de que se sintieran vulnerados.
Después de que el Grupo Editorial Planeta se convirtió en socio mayoritario de la Casa Editorial, las directivas del diario no han contratado un ombudsman, lo cual obvia el capítulo VII del manual de redacción y los estatutos del defensor del lector.
Lo más preocupante es que, no sólo estos hechos han opacado la calidad del periódico, también se han presentado casos como la salida de circulación de las páginas regionales, el despido de la columnista Claudia López por hacer una crítica al cubrimiento que le dio el periódico al escándalo de Agro Ingreso Seguro; y, recientemente, el cierre de la Revista Cambio, publicación de la cual la CEET, se preciaba de asegurar, era “líder en investigación y análisis”, hasta que sus denuncias resultaron inconvenientes para el gobierno y por tanto para los intereses de la Casa.
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13. CASA EDITORIAL EL TIEMPO. p. 167.
Los lectores no recibieron explicación alguna sobre estas decisiones, ni siquiera los mismos periodistas. Desde el 2006, los santandereanos tienen muy reducidas sus posibilidades de información sobre la región; la última vez que los lectores de la CEET tuvieron una persona que velara por sus intereses, fue el 27 de septiembre de 2008, quienes leían la columna de Claudia López, desde el 13 de octubre de 2009 no podrán disfrutar de sus textos críticos y argumentados; y los seguidores de Cambio, a partir del 3 de febrero de 2010, encuentran, cada mes, artículos sobre deportes, tendencias, viajes y entretenimiento. El panorama no es muy alentador.
viernes, 21 de mayo de 2010
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