Su cabello largo, su camisa con estampado de cuadros rojos que acompaña con un jean y sandalias café, le dan una apariencia de intelectual bohemio. Sus gafas redondas y grandes que utiliza desde hace 10 años para contrarrestar la miopía y el astigmatismo, dan cuenta de las horas incansables de lectura.
Juan Carlos Chío Oi está sentado en frente de un computador de la sala de redacción de la revista Plataforma (Pfm.) rodeado de libros, carpetas y gruesos paquetes de fotocopias, con una mano en la barbilla e inclinado hacia adelante para poder leer.
En cuanto al origen de su familia sólo tiene teorías. Supone que proviene de los súbditos del reino Zhao, quienes huyeron hacia el sur de China cuando el emperador Qui quiso unificar los siete reinos para formar el Imperio Chino. Sus ancestros habrían llegaron a Cantón, lo que en el siglo XVI sería Macau, una colonia portuguesa y actualmente una Región Administrativa Especial de la República Popular China.
Para evitar la persecución cambiaron su apellido de Zhao a Chío. Aunque Juan Carlos considera que la historia de su familia puede ser más reciente asegura que “lo cierto es que Chío, que es en cantonés, el idioma que hablan mis papás, significa Zhao en mandarín”.
Explica detalles de la historia de su país natal como si estuviera dictando una clase y basa su discurso en hipótesis, cifras y datos curiosos que ha leído en alguna de las tantas revistas que tiene en su casa.
Comienza por decir que en Macau no se dieron procesos de mestizaje y por esta razón son tan apegados a su cultura, también que el lugar logró convertirse en un imperio financiero. “Allá hay grandes bancos y casinos, de hecho salió una estadística muy interesante en una revista que dice que el año pasado en Macau se manejó más dinero que en Las Vegas”.
En las primeras décadas del siglo XX llegaron los primeros Chío al país. En Barranquilla se asentaron sus bisabuelos, Rafael y “no sé como se llamaba mi bisabuela, seguramente tenía un nombre muy raro, nunca he podido aprenderme esos nombres de por allá”.
La historia de por qué llegaron a Colombia no la tiene muy clara, “se presume que fue algo no muy legal y no se habla mucho de eso, la teoría es que llegaron huyendo del comunismo”. Estos inmigrantes chinos generalmente venían a trabajar en construcción por menos del salario mínimo y debido a las escasas políticas de control de migración y a las mafias, llegaban al país por cantidades.
La familia de Juan Carlos ha vivido momentos difíciles a lo largo de su historia. Por la pobreza que imperaba en China durante la transición del capitalismo al comunismo, su abuelo tuvo que cambiar las camas por arroz. En la época del paramilitarismo en Barrancabermeja, su papá, José Chío, debió acabar con el negocio familiar, un depósito de víveres y desplazarse hasta San Gil para salvar su vida. Ahora tiene un restaurante y recientemente abrió un hotel.
Algunos Chío se han resistido a incluir en su familia occidentales, de hecho su abuelo Gustavo, quien llegó muy joven a territorio colombiano, consiguió esposa por catálogo, pues no quería una mujer colombiana. “Él dijo: quiero esta, viajó a China y en una semana se casó con ella”. Juan comenta que él y sus hermanos han recibido un poco de presión por parte de su abuela para conseguir una pareja oriental.
Pero Juan dice estar “demasiado colombianizado para ponerme en eso”. Su mamá, Carolina, desconfía de los occidentales porque considera que “su comportamiento va en contra del deber ser”, aunque no niega que hay gente buena, merecedora de pertenecer a la familia Chío.
Nohora María Celedón quien desde hace un año y cuatro meses es novia de Juan Carlos, asegura que la relación con sus suegros ha sido muy buena y que de hecho ha encontrado semejanzas entre la forma en que la criaron sus padres en San Juan del Cesar (Guajira) y la de Juan.
Comenta que las similitudes radican “sobre todo en cuanto al machismo y la crianza de la mujer, pues ella se debe al hombre, aunque eso no sucedió en mi casa porque la que manda es mi mamá, pero los valores tradicionales como el respeto, la escucha, el orden, y la autoridad que tienen ellos son muy similares a los que me inculcaron”.
Juan es el hermano mayor, por tanto debe encargarse de muchas cosas en la casa, del cuidado de sus hermanos y de solucionar problemas cuando se presentan. “Es como el papá”.
Para Nohora, “Juan Carlos tienen un tonillo suelto”. En medio de risas recuerda que el día en que se hicieron novios, Juan regresaba del Meta, “todo el día me mandó mensajes de texto, unos mensajes loquísimos”.
Además de ser la novia, Nohora fue jefe de redacción y editora de Juan en Pfm. Asegura que separan lo periodístico de lo personal, que muchas veces han estado en desacuerdo pero siempre “discutimos civilizadamente, además él se reprime el mal genio”.
Nohora lo ve como un hombre metódico, un lector juicioso y un periodista apasionado. “Él antes de ir a hacer reportería se sienta y hace una lista de fuentes, investiga en Internet y lee, dura como una semana, uno piensa que no está haciendo nada pero está investigando, de eso le he aprendido mucho”.
Esas largas horas de lectura y el seguimiento de revistas y periódicos lo llevaron a plantear como proyecto de práctica, la creación de una Unidad Investigativa en Pfm. Su plan inicialmente era hacer una práctica en Bogotá pero “la fecha de entrega del proyecto de grado coincidía con la de la práctica, era muy difícil manejar el proyecto desde otro lado”.
Tenía dos opciones, quedarse en Pfm. o aplazar la práctica. “La idea era viable pero era algo que no quería aplazar”. Su preocupación lo llevó incluso a pensar en hacer una práctica de medio tiempo en Comunicación Organizacional.
Fue entonces cuando decidió hablar con Wilson Vega, editor de Pfm. en ese momento. “El de la idea fue Wilson, él quería montar una unidad investigativa desde hace rato, era poco lo que yo conocía de eso, pero tengo el perfil de periodista de informe, de reportero, en esa medida encajaba porque soy muy de lectura”.
Juan Carlos también cuenta con experiencia en el campo de la investigación, pues hace parte del Semillero Delfos de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), fue en este grupo que surgió la idea de trabajar como proyecto de grado un análisis sobre la influencia de la publicidad política.
Por ahora, Juan piensa dejar las bases teóricas para que más adelante se ponga en marcha la Unidad. ‘Periodismo Investigativo, Academia y Sociedad’, así se titula el proyecto de práctica que “ni siquiera tiene presupuesto, sólo tengo un jefe que es más un coordinador periodístico y un asesor académico que lo único que me ha dicho es que todo está bien”.
Es la implementación de la Unidad lo que le quita horas de sueño mientras lee cuanta revista, periódico o libro sobre el tema pasa por sus manos. Nohora María explica que los temas para investigación no se le ocurren a Juan Carlos de la noche a la mañana, “él hace un seguimiento de los procesos porque lee desde revistas como Muy interesante hasta Cambio, de ahí surgen temas muy buenos”.
Cualquiera que lo viera trabajar pensaría que Juan Carlos Chío siempre se ha dedicado al periodismo, pero curiosamente su formación académica empezó en una facultad de Ingeniería Electrónica.
Todos sus tíos son ingenieros y siempre recibió una educación “muy de lógica y de números”, también aprendió a leer antes de entrar al colegio. Fue campeón nacional en las Olimpiadas Matemáticas y en noveno grado representó a Colombia en las Olimpiadas Iberoamericanas de Matemáticas realizadas en Costa Rica, pero en décimo abandonó las competencias.
Hizo seis semestres de Ingeniería Electrónica en la Universidad Industrial de Santander (UIS), “no terminé porque no se me dio la gana, mi razón me decía que tenía que terminar pero mi corazoncito decía lo contrario”. Durante esa época sufrió una depresión y cuenta que le costaba levantarse de la cama para ir a estudiar.
Desde el colegio le encantaba escribir, hacía poemas y obras de teatro, “pero el hecho de que tuviera habilidad para las matemáticas no quería decir que me apasionaran”. Pensó en estudiar Filosofía y Letras, pero “por un llamado medio raro estudié comunicación”.
“Estoy apasionado con el periodismo y con la investigación, aunque me duele no dejar montada la Unidad, eso me llenó mucho de aprendizaje, tengo muchas bases teóricas y quiero salir a la calle y ponerlas en práctica”, dice mientras escribe en el computador.
Su novia considera que “tiene un gran futuro en el periodismo y cuando la Unidad Investigativa despegue la gente va a reconocer su trabajo, eso es lo que va a ocurrir porque tiene la capacidad, la inteligencia y la pasión que se necesita para triunfar en esto”.
Por ahora Juan no aspira a trabajar en investigación en un medio nacional porque considera que le falta más experiencia. “Espero trabajar como reportero raso un par de años porque me falta mucho por aprender”.
viernes, 21 de mayo de 2010
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